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viernes, 1 de mayo de 2020

BAJEMOS EL VOLUMEN DEL RUIDOSO COVID-19


No sabemos cuándo ni cómo terminará todo esto

Por Carina Onorato Bulat y Laura Calle Rodríguez


De repente nuestra vida cambió. De un día para otro, todo se volvió incertidumbre, especulación, encierro. Nos enfrentamos de golpe a nuestra propia vulnerabilidad. No encontramos las razones, desconocemos las consecuencias y buscamos desesperadamente al culpable. Es decir, nos convertimos -de un momento a otro- en caldo de cultivo ideal para las fake news.

El tiempo que antes utilizábamos en nuestra vida normal: ir a trabajar, llevar a los chicos al colegio, practicar algún deporte, participar de alguna ONG, mantener nuestro estilo de vida, hoy lo debemos pasar en casa. Hoy debemos aprender a trabajar remoto, a no dar más abrazos, ni interactuar con las personas cara a cara. Debemos saber que un enemigo invisible -cuyo comportamiento no comprendemos- está ahí afuera, esperando por nosotros para multiplicarse.

Así, los aparatos que tenemos en nuestros hogares se convierten en extensiones de nuestro propio cuerpo: no podemos despegarnos del teléfono, la computadora, el televisor. Necesitamos saber. Qué novedades hay, se encontró alguna solución, hay cuidados adicionales que debemos tener, nos estarán diciendo toda la verdad, y un sinfín de cuestionamientos adicionales cuyas respuestas no se hacen esperar, aunque siempre de la peor manera: las fake news. Se trata de noticias aparentemente periodísticas u oficiales, cuyo contenido es falso y están motivadas por la intencionalidad del engaño.

Abrir el WhatsApp cada mañana nos plantea un doble desafío: por un lado, identificar cuáles noticias son reales y, por el otro, no dejarnos llevar por la inquietud y la angustia de las que no lo son. Parece una tarea titánica, sobre todo cuando nos encontramos con mensajes que pretenden protegernos, de personas que nos quieren, pero reproducen cosas tales como “para evitar el contagio debés: tomar sol cinco minutos por día; ingerir mucho líquido, pero caliente; hacer gárgaras con vinagre, sal, limón y agua tibia”. La tecnología actual -más el excedente de tiempo disponible por no poder salir de casa- nos pone por demás creativos y solidarios. Así, tenemos abarrotado el teléfono de audios, videos, informes, flyers que nos advierten la gravedad de la situación y nos aconsejan -en nombre de la ciencia- desde la necesidad de no usar maquillaje hasta la última receta para fabricar alcohol en gel. Nos cuentan sobre el plan maquiavélico de cuatro o seis superpoderosos para diezmar a la humanidad, para comprar las acciones que se destruyeron en una economía globalizada y volverse así más poderosos, para vendernos vacunas que no necesitamos y otro montón de acciones propias de una película de terror de bajo presupuesto. Consumimos eso. No podemos evitarlo. ¿Y si fuera cierto? ¿Y si en realidad es momento de dejar cierto escepticismo de lado para empezar a creer lo que nos llega por diversos medios? Ante la duda, el instinto nos hace compartir en nuestras redes o reenviar a nuestros contactos una cantidad enorme de información basura. De pronto, somos funcionales a la generación de un estado de incertidumbre cada vez más dañino para nuestra salud mental.

El problema es la sobreoferta de información. Ya no sabemos si el virus dura diez minutos en una superficie o 48 horas. Si al volver de hacer las compras debemos quemar la ropa utilizada o simplemente lavarnos las manos. Si podemos abrazar a nuestros hijos que están encerrados junto a nosotros o los estamos poniendo en riesgo. No sabemos cuándo ni cómo terminará todo esto. Ante tanta confusión, es necesario no perder el eje y recurrir solo a fuentes oficiales. De lo contrario suceden cosas como el desabastecimiento en los supermercados, la desesperada búsqueda de alcohol en gel por el que se termina pagando fortunas o la imposibilidad de que quienes de verdad lo necesitan no encuentren barbijos porque alguien decidió llevarse todo el stock y no pensar en el otro.

Aunque se trate de personas que respetamos, chequeemos cuando nos envían una supuesta convocatoria a profesionales de la salud por parte del Gobierno de la Ciudad a través de WhatsApp. Esa convocatoria no aparece en la propia página del gobierno porteño. Necesitamos tomar real dimensión del daño que podemos causar. No somos todos bomberos cuando hay un incendio que no se logra apagar, del mismo modo que no somos médicos o especialistas en este tema para enviar consejos que llegan de terceros para sembrar aún más caos.

Estamos enfrentando esta pandemia que viene llevándose numerosas vidas en el mundo y no sabemos en qué creer. Por eso, es el momento de volver a las fuentes; es cuando no debemos desesperar, pero sí ocuparnos del tema y recurrir a sitios como la Organización Mundial de la Salud, el Ministerio de Salud o la página oficial de Presidencia de la Nación. Debemos depositar nuestra confianza en las instituciones que son las responsables de tomar las medidas que nos cuidan a todos.

Esta es la vida. Esta es la realidad que nos toca y seríamos demasiado imprudentes si opináramos con liviandad. Este no es un partido de fútbol en el cual somos todos directores técnicos y podemos opinar. Para salir lo menos perjudicados posible necesitamos tomar verdadera conciencia y dejar de reenviar datos que no proceden de fuentes oficiales. No es momento de estar ávidos por una primicia y no chequear lo que enviamos. Si no nos unimos como sociedad ahora, tal vez perdamos la oportunidad de poder salir adelante juntos. Más responsabilidad y menos envío de información no chequeada. Hasta ahora sabemos que si nos quedamos en nuestras casas, nos higienizamos y nos exponemos lo menos posible, podremos lograr algo inédito para nuestra generación: estar unidos alguna vez. Juntos lo podemos conseguir. Solo hay que informarse por fuentes oficiales y aunque nos lo diga nuestro amigo más brillante, no caigamos en la tentación de replicar mensajes que solo sirven para tirar nafta a un fuego que está en pleno proceso de expansión.

miércoles, 29 de abril de 2020

EL SEXO VIRTUAL EN ÉPOCAS DE PANDEMIA

UNA SOLUCIÓN RÁPIDA Y EFICAZ EN MATERIA DE SEXUALIDAD.


Por Diego Doello

DIEGO DOELLO
La naturaleza del hombre es adaptarse a los cambios del universo, a las modificaciones que pueden desprenderse en un planeta que nunca está lo suficientemente preparado para sostener la  diversidad. Pero de alguna forma, el poder adaptativo, la resiliencia,  las necesidades  y las pulsionales nos llevan a buscar respuestas a nuestra angustia;  y cuando el prejuicio sobre un sexo virtual, que respondía a un comportamiento adolescente que toca los primeros placeres de la pubertad, nos abre a un mundo de respuesta en un momento que nadie penso atravesar.

Pero pensemos primero en el concepto que radica el sexo virtual, a donde nos remite y porqué hoy se establece como una forma segura desde los canales sexuales. El sexo virtual no es algo novedoso en escencia y hace su anclaje en la masturbación pero permite la interacción llevándolo a un nuevo escenario que es el mundo virtual donde la sexualidad explora un nuevo ámbito para el placer y el goce.

De esta forma debemos pensar un sexo virtual como un instrumento que responde a romper las estructuras de una sexualidad estática y rígida, donde  los seres necesitan, en la dinámica de la evolución, establecer nuevos mecanismos de estimulación. Es justamente ahí donde ingresa la era digital con toda su fuerza para establecer formas diferentes que recaen en lo visual, donde sensiblemente permite un vínculo distinto, necesariamente distinto que lo hace un juego que es propiamente aquello que mantiene viva una relacion sexual.
El sexo virtual convive con términos como sexting, nudes, sendnudes, en donde el intercambio de material y elementos eróticos son la clave en la estimulación de la práctica, tal como lo fueron las revistas eróticas o las primeras películas condicionadas. Hoy la pornografía mueve una economía muy elevada en los marcos de las redes sociales y la era de internet, y esto es un indicador del consumo y de la demanda en este nuevo paradigma que podemos empezar a pensar en la sexualidad humana, donde el sexo virtual encontró una puerta importante para establecerse en las relaciones como una práctica necesariamente vital para muchas personas, un modo, una herramienta autoerótica que se conecta a la exposición del cuerpo y de la mente en un espacio virtual para manifestarse en un vínculo con uno o unos otros.
La pandemia Covid19 fue esa gran puerta que encontró el sexo virtual para establecerse sin pedir permiso y con un respaldo en este momento que atraviesa el planeta, exponiéndolo con un sello de sexo seguro, como una respuesta ante un terreno que propone un aislamiento social y el distanciamiento como la clave para la prevención de la propagación del virus. De esta forma, el sexo virtual se acomodó en los dispositivos móviles y en los ordenadores de las personas, para romper el prejuicio sobre aquel que podía convivir con una masturbación activa. Logró unificar un nuevo concepto, una nueva forma de experimentar el placer y una practica sexual; impidiendo que pueda ser visto como un fenómeno desde un punto de vista científico, sanitario, sociológico, como algo que atente contra el bienestar o la integridad psicofísica de la persona.
Así debemos entender el sexo virtual, como una práctica que nace con las nuevas generaciones, pero que se propaga a todas de la mano de la tecnología como aquello necesariamente vital, impulsada por un mecanismo de juego que envuelve todo tipo de erotismo. Involucra a los hombres y a las mujeres desde un mismo lugar de participante activo, brindando un lugar pleno de goce, encontrando placer en la sensibilidad de las percepciones, las fantasías y el fetichismo que no puede desvincularse en toda esta gestión del sexo virtual, sin descriminar un sexo virtual casual, o un sexo virtual para una pareja o relación prolongada entre dos o más personas.
En resumen, la pandemia Covid19 atacó directamente al contacto entre las personas, a esa aproximación tan necesaria en la relación sexual, tan vital. Como respuesta ante la imposibilidad de un normal desarrollo de la sexualidad, el sexo virtual toma la posta para preservar la salud sexual y psíquica  de los seres humanos, y propone un acercamiento que mantiene vivo ese contacto en términos digitales; que permite sostener saludablemente el placer de un encuentro sexual.
De esta forma, en todo el desorden que genera esta problemática a nivel planeta, ya sea en términos sanitarios, políticos, económicos, etc, el sexo virtual es tal vez una solución rápida y eficaz en materia de sexualidad, considerando una de las tantas problemáticas que nos despertó esta situación. Poder pensarlo como un poder adaptativo, una capacidad resiliente, una fortaleza o un intrumento resolutivo, y que es de alguna forma uno de los mejores  mecanismos defensivos que podemos desarrollar, ante la agresión de este virus que nos afecta y desestabiliza en todos los niveles emocionales y afectivos, y desde ahí se puede considerar que el sexo virtual es producto de la inteligencia emocional del ser humano que nos permite una adaptación al medio que hoy nos toca vivir.


Lic. Doello Diego MP98292 Y MN 67834 - Psicólogo

sábado, 25 de abril de 2020

BLANQUEO EDUCATIVO


EDUCACIÓN EN CRISIS TERMINAL

Por: Lic. Flavia Vecellio Reane.


Lic. Flavia Vecellino Reane.
La muerte no siempre llega cuando se deja de respirar. A veces, la entidad mantiene el corazón latiendo, pero el cerebro no funciona ya.

Hace años que la Educación está en crisis terminal. Llevo más de dos décadas en el aula constatando esa agonía desde la primera fila. No estoy diciendo nada nuevo. Guillermo Jaim Etcheverry lo expuso muy bien en su libro La Tragedia Educativa. Pero era una verdad incómoda. No sólo para los que diseñan los planes de educación. También para los padres de los estudiantes.

Dijo Jaim Etcheverry, allá por 1999, que a los papás, en su enorme mayoría, les interesa más que sus hijos vayan al colegio "para que no estén vagueando en la calle" que para que incorporen contenidos y aprendan a pensar. El colegio, por tanto, se convierte en una guardería para niños y adolescentes en la que los padres los pueden dejar mientras ellos se dedican a trabajar, a hacer cursos de postgrado o a pasar el tiempo tranquilos, sin los chicos.

El mundo atraviesa una pandemia que nos obliga a vivir en cuarentena. Y la cuarentena expone una verdad que muchos docentes sabemos desde hace mucho tiempo...
De Talía a Sandra Borghi. De amas de casa a ejecutivas. De papás a mamás. Hoy escucho, leo, veo videos en los que queda muy bien explicado, con ejemplos personalizados, lo que Jaim Etcheverry dijo hace más de veinte años: no importa que aprendan, importa que no incomoden.

"Yo no quiero ser maestra", protesta una periodista en televisión argentina. También otra colega dice: "Ya está, estamos en cuarentena... ¿Qué problema hay si por tres o cuatro meses no hacen nada? Todo bien con las maestras, pero yo no tengo ganas de sentarme todos los días con los chicos a hacer la tarea".

El Ministro de Educación argentino hizo un llamamiento a que los docentes no envíen mucha tarea a los alumnos a través de plataformas digitales. Las quejas de los padres, evidentemente, se hicieron escuchar.

A este blanqueo (ahora están en casa a la fuerza, no molesten con tarea), se le suma otra realidad. Docentes que se especializan en pasar horas cátedra haciendo nada en las aulas se ven obligados a demostrar que trabajan... ¡Los empleadores monitorean la actividad digital! Entonces se preocupan porque "quede constancia", y envían tareas que jamás en su vida pedían cuando estaban sólos con los alumnos en las aulas. Triste realidad.

En nivel universitario el blanqueo es otro. El claustro, en innumerables casos, está integrado por docentes que, por razones de edad o de inconsciencia e irresponsabilidad profesional, se llevan muy mal con la tecnología. Los estudiantes, en tanto, están corriendo esa carrera digital desde que nacieron. Llevan muchos cuerpos de ventaja. ¿Entonces?¡Entonces la soberbia académica aprende lo evidente! La educación es un proceso, por lo tanto la interacción de los elementos es transversal. Aprende el alumno y aprende el docente. Lo contrario, una relación vertical, en las aulas no es educación: es adoctrinamiento, y es dictatorial.
"De las academias, ¡líbranos, Señor!", grita Rubén Darío en su Letanía a Don Quijote de la Mancha. Y yo, universitaria al frente de las aulas, que padecí profesores totalitarios y atrasados, pienso lo mismo que el poeta y periodista nacido en Nicaragua.

La educación sigue respirando. Pero está en piloto automático. No piensa. El cerebro no responde.
El mundo, cuando termine la cuarentena, no va a volver a ser lo que era. Las carreras universitarias, que estaban agonizando en un planeta que estaba cambiando, van a estar muertas. El planeta ya cambió.
En educación, la formación autodidacta es lo que asoma en el horizonte del nuevo orden mundial. Van a ser necesarios mentores, guías, Maestros, a los que consultaremos por afinidades electivas, no por obligación burócrata y administrativa. La educación formal ya no será vista con el mismo respeto nominal. Porque la humanidad está comprobando que lo importante no es cumplir con currículas anacrónicas. Lo que importa es pensar, cuestionar, criticar, sobrevivir.
Lo que importa, el Maestro Covid19 nos explicó con crueldad que lo que importa, es otra cosa.

martes, 21 de abril de 2020

DECISIONES DE EMPLEO EN TIEMPOS DEL COVID-19

TODOS VAMOS A DEJAR ALGO EN EL CAMINO.

Por: Leonardo Wagner (*) 

En estos dias nos agobian las malas noticias. Leemos en los medios que muchos trabajadores están en riesgo de perder sus empleos por las políticas para contener la expansión del coronavirus . Y a quienes nos toca tomar decisiones de empleo en estos escenarios de crisis, nos vemos desbordados por la incertidumbre ocasionada por la falta de posibilidades para definir situaciones futuras, como mantener la plantilla de nuestros colaboradores sin ingresos suficientes y con varios años de recesión previos.

Entramos a la pandemia del COVID-19 con un profundo estado de “anemia” en nuestras Pymes, con los recursos agotados. El virus, la recesión crónica y el desempleo consecuente nos dejan poco margen para un sensato optimismo.

En estos últimos 30 años me ha tocado intervenir, directa o indirectamente, en situaciones de emergencia económica que me han llevado a aprender, entre otras cosas, que en estos contextos no hay que tomar decisiones apresuradas.

Por eso creo que, a mayor crisis más cautela. Es preciso comunicar cómo impacta la situación en la organización informando las acciones en curso para mitigar los efectos.

Hay que sostener el concepto de que tanto esta crisis, como lo han sido otras, será sorteada y no habrá ganadores ni perdedores; todos vamos a dejar algo en el camino, pero alumbraremos una nueva realidad: en este caso un nuevo mercado con nuevas pautas de consumo, más pragmático. Es decir, entramos a una nueva era donde debemos dejar todo lo que conocemos para construir y re aprender en conjunto, tanto empresarios y colaboradores. Será la hora de armar nuestras estructuras disruptivas que abrirán la puerta a un nuevo concepto de trabajo.

Estamos transitando el futuro en plena revolución de la información y nos enfrentamos a cambios fundamentales en nuestra manera de vivir y de trabajar. Entre otros factores, el trabajo flexible e “inteligente”, la redefinición del equilibrio familia/trabajo y una nueva estrategia en cuanto a prácticas de gestión marcarán el futuro del empleo. El COVID-19 no es el fin de algo, es el comiendo de una nueva empresa, más ágil y con mayor capacidad de generar riqueza.

Todos quienes transitamos una organización Pyme sabemos que nuestros colaboradores son los que determinan el éxito de la operación, quienes saben cómo obtener la mejor eficiencia de un proceso a pesar de tecnologías o quienes están a disposición de nuestros clientes externos para poder sostener la venta. Los emprendedores sabemos la medida del aporte de cada uno de nuestros colaboradores; los conocemos y nos conocen; vemos día a día su maduración y avance en la curva de aprendizaje; discutimos ¿Por qué no hacerlo?, pero a ninguno de todos aquellos emprendedores, que por decenas he conversado por años, se desharía de un colaborador en estos momentos. Definitivamente la recomendación de las autoridades nacionales de cuidar el empleo no es para nosotros, ya que lo venimos haciendo desde el inicio de nuestros proyectos.

Las Pymes en Argentina cuentan con un atributo sorprendente, la resiliencia: la capacidad de resistir ante la presión y la elaboración de comportamientos útiles y positivos para actuar en situaciones límites y adaptarse. No cabe aclaración alguna sobre la exposición continua de crisis a la que son sometidas nuestras organizaciones.

Se trata, entonces, de la capacidad que tienen las personas, y las organizaciones, para superar los problemas que inexorablemente surgen a lo largo de la vida, e incluso salir reforzados de ellos. Esa es la característica natural de nuestras Pymes: sobreponerse a toda crisis, y en esta ocasión también lo harán. Sencillamente, el pasado explica nuestro futuro, en este aspecto de superación.

(*)Leonardo Wagner, Director ejecutivo de Parque Industrial La Bernalesa, es abogado, MBA, director Ejecutivo PILB, director Legal de Valot SA, vicepresidente de la Unión Industria Quilmes, integrante UIPBA, asesor de empresas y emprendedor.


domingo, 19 de abril de 2020

“LA RADIO ESTA CUMPLIENDO UN ROL SOCIAL COMO HACE CUARENTA O CINCUENTA AÑOS ATRAS”

ENTREVISTA A FERNANDO SUBIRATS, DIRECTOR DE RADIO RIVADAVIA.

Por: Laura Calle Rodriguez.

Fernando Subirats. 
@fersubirats
Referente de la radio de nuestro país, Fernando Subirats formó parte de Continental; Mitre y fue el director de Nacional hasta diciembre de 2019. Actualmente aceptó el desafío de la dirección de AM 630, Rivadavia. Al poco tiempo de asumir logró dar un giro de 180 grados en la programación y devolverle el prestigio de hace años. Para esto convocó a Eduardo Feinmann, Nelson Castro, Fernando Carnota, Fernando Niembro y Oscar González Oro, entre otros.

- ¿Cómo se dirige una radio en un país en cuarentena?

Yo voy todos los días como siempre lo hice, pero se nos dificulta mucho la diaria porque tenemos conductores o columnistas que están saliendo desde sus casas. Por ese lado se complica bastante pero finalmente logramos que los programas salgan. Estamos contando con el 10% del personal porque la gran mayoría, por distintas razones, están trabajando desde sus casas. Acá tenemos el equipo mínimo para poder solucionar muchas cuestiones y eso a veces se hace muy difícil en la programación diaria. No me quiero imaginar lo que deben ser los canales de televisión.

- ¿Cuál fue el impacto que sufrió la radio con el aislamiento social?

Si hay algo que vemos como positivo es justamente que se ha elevado el número de oyentes de la radio. Pienso que la gente se cansó de ver todas las series de Netflix, de HBO y de lo que se ofrece en la tele y se puso a escuchar radio. No es casual que en Netflix y otras plataformas aparezcan constantemente series suecas, polacas o rumanas. Ya no saben de dónde sacar series nuevas para seguir enganchándote. La gente ya se cansó un poco y por eso muchos se volcaron a las radios. Desayunan, se toman unos mates o café y se ponen a escucharla. Algo que antes no se hacía tanto, o se hacía en menor medida, ahora es como un ritual diario. Pero no solamente gente grande, también gente joven comenzó a escuchar radio joven.

- La gente hoy modificó sus horarios ¿Volvemos a las madrugadas de radio?

La gente se duerme a cualquier hora. Yo, por ejemplo, vengo a la radio a las 7 de la mañana y mis hijos están despiertos. Recibo mensajes a cualquier hora de la madrugada. El otro día a las 5 un amigo me manda un mensaje en el que me dice: “no sabés qué libro estoy leyendo” y vos decís ¿a esa hora está leyendo un libro? Son cosas que no me sucedieron nunca. La gente no tiene horario, incluso no sabe en qué día está. En nuestras madrugadas teníamos un locutor que simplemente pasaba música. Hoy llaman miles de oyentes re despiertos porque durmieron durante todo el día y te cuentan como llevan el encierro. Nos dicen que somos una compañía. En eso cambio un montón, por suerte. La cantidad de oyentes es enorme.


- La gente tiene necesidad de hablar, de ser escuchados…


Totalmente. Por ejemplo, el programa de la tarde del Negro Oro, que antes era normal, con música en el que se dialogaba con distintos columnistas, ahora se transformó en un programa de oyentes por decisión propia. El Negro se dio cuenta de que sacó dos oyentes y de repente llamaron como 500. Además hay un montón de gente queriendo averiguar cosas: cómo pagar un impuesto, a dónde ir a cobrar, cómo hacer determinados trámites.

Creo que se juntaron varias cosas. La gente se encontró que está encerrada en la casa, que tiene que hacer un montón de trámites o que no conoce las modalidades online. Entonces llaman para que alguien les diga como hacer un trámite; se desesperan porque sus nietos y sus hijos están en sus casas y no pueden ir a darles una mano a ellos. Entonces la radio está cumpliendo un rol social como hace cuarenta o cincuenta años atrás. Es como que la radio volvió a entretener, informar y ser una compañía.


- Este aislamiento modificó la forma de trabajar en los medios. ¿Qué va a cambiar cuando se logre cierta normalidad?


Todo. Creo que va a cambiar mucho y la televisión también. En la tele por ahí iban cinco o seis personas con una cámara a hacer una nota a determinado lugar y se dieron cuenta de que por zoom o por Instagram u otra plataforma podés hacer una nota a una persona que está a diez cuadras del canal. Entonces yo creo que eso de alguna manera va a modificar las cosas. No sé si para mejor o para peor, pero lo va a cambiar. Hay comunicaciones que no se hacían hasta ahora y con esto comenzaron a realizarse tanto en la tele como en la radio y yo creo que van a ser definitivas.


- ¿Cómo se maneja el tema tecnológico para transmitir a distancia?

La radio es una simple radio, no es un canal de televisión y, por eso, la tecnología es totalmente diferente. Acá lo que hacés al aire es a través de llamadas telefónicas. Lo que sucede con esta pandemia es que las líneas colapsaron, los celulares, internet entonces las comunicaciones a veces se hacen muy difíciles. Sacar gente al aire es complicado. Si por ejemplo nos conectamos por internet, dependemos de la conexión que cada uno tiene en su casa. Además, muchos de nuestros conductores superan los 60 años. Algunos transmiten desde su casa. Esto implica instalar una consola ahí y explicar como operarla, porque no se le puede enviar un operador a la casa. El conductor debe operarla, arreglarse el micrófono, los auriculares, chequear si sale bien y desde la radio tenemos un técnico capaz de lograr que esa comunicación llegue perfecta y a su vez que se pueda incorporar una llamada de algún oyente y que el conductor desde su casa lo pueda escuchar.

- Pero la radio necesita auspiciantes y el país está en una situación económica complicada ¿Ese es el lado B del Coronavirus para la radio? 
       
Por un lado están los anunciantes que, obviamente, se les complica seguir pautando pero por el otro hay un gran sector: supermercados; aquellos negocios que venden productos en forma electrónica y demás, que les conviene ahora más que nunca publicitar, darse a conocer para vender. Así como hay muchos que se retiran del mercado porque no pueden solventar más a sus empleados, hay otro sector que está a vendiendo muchísimo porque es el momento de salir a vender, más que nada el rubro de supermercados y comercios de alimentos. No es todo tan negativo en ese aspecto. En cuanto a la recaudación, no es la misma que hace dos meses pero no es que se vino todo abajo a nivel comercial. Hay gente que en este momento gana más que antes.↛